Con este proyecto nos proponemos investigar el mundo del toreo como cultura, pero también como industria. Trabajamos desde lo lúdico, utilizando la sátira para descorrer los velos del tabú y la idealización y huyendo de toda forma de adoctrinamiento.
No nos interesa entrar en el debate clásico sobre el toreo, sino indagar este universo desde la ficción deformada. Mostrar personajes tan brutales como fascinantes, que forman un abanico de arquetipos y tipos de la tradición taurina -el torero, la viuda, el apoderado, el ganadero, los periodistas-, atravesados por distintos idiolectos propios del lenguaje taurino y escritos para retratar en clave de farsa un universo profundamente español. En este sentido, nos reconocemos deudores de la tradición carnavalesca y farsesca del sur de Andalucía, y de compañías como Club Caníbal, Las Niñas de Cádiz, Teatro a la Plancha o La Zaranda.
Por otro lado, nos servimos del carácter ritual y de la riqueza simbólica de lo taurino para configurar una puesta en escena plástica y sonora con la que creamos entornos muy dispares: la plaza de toros, el camposanto, el corral del sorteo de las reses, la gala de San Isidro, la finca de Montijo.
Juan “el Chiqui” ha muerto en la plaza.
Esta noticia sacude al mundo taurino, a la familia del torero, a la ganadería Bermín Suvilleda, que puso al toro asesino, pero aún más a Ramón, que acaba de perder a su mejor torero. Temiendo por su futuro como apoderado, Ramón convence a Juan hijo, el último “Chiqui”, retirado de los ruedos tras una fuerte cornada hace años, para que vuelva a torear por San Isidro.
Pero tras firmar con Toño, el poderoso empresario de Las Ventas, Ramón descubre que Juan no se ha rehecho tras aquella cornada -algunas duran un segundo; otras, toda la vida-, por lo que deberá ayudarle a recobrar el valor antes de la faena más importante de su carrera.
No cuentan con que Alejandra, la viuda y madre, se interpondrá en su camino con la obsesión de recuperar una antigua tradición: sacrificar a la madre del toro que mató a su marido.